La tristeza de anoche se me quitaba con el sonido del teclado, me acosté... no tenía nada más que hacer, y una vez que apoyé mi cabeza en la almohada brote en llanto, las lágrimas no paraban, era como si mi mundo se cayera en trozos, uno por uno como si no hubiera un final. Lo más cómico de esto es que si lo hay, pero, yo aún no lo sé ó lo se y no lo quiero admitirlo.
Continuará...